viernes, 25 de mayo de 2012

Tras la mesa redonda "El amor al prójimo como fuente de vida", en La Puebla


Los ángeles vinieron y sirvieron a Jesús - Mt. 4:11

 Voz tranquilizadora y cargada de esperanza, como quien ostenta la suficiente paz y amor a quien le rodea. Tono vigoroso y seguro, como quien tiene la garantía que le contagia la única verdad. Alguien que trabaja por el único placer de ver una muesca de alegría en el rostro del semejante. Alguien que no conoce la definición de “desconexión laboral”. Que se lleva el trabajo a casa, o que quizás su hogar sea el trabajo. Alguien que dibuja en su rostro la satisfacción de la tarea bien hecha, aunque también  el sufrimiento que genera la impotencia de la necesidad, a veces insuficiente, de contagiar optimismo e ilusión. Pero además, es un mensajero que capitanea a un ejército de arcángeles, cargados de benignidad, de sacrificio y generosidad, que con la misma naturalidad con la que la Samaritana ofreció agua a un Jesucristo sediento, sacrifican una parte de sí para compartir vida con quien mantiene la suya enchufado a una máquina.

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