jueves, 26 de septiembre de 2013

Ponencia de don Santiago Gómez Sierra en la parroquia de Santa María de la Estrella (Coria)


Nada más entrar Mons. D. Santiago Gómez Sierra y los dos párrocos, don Antonio Santos Moreno y don Francisco Javier Brazo Delgado se dirigieron a orar brevemente ante el Santísimo.
Comenzando poco después de las 20:00, el párroco anfitrión, don Antonio Santos Moreno, da la bienvenida a Mons. D. Santiago Gómez Sierra, en representación de las dos comunidades parroquiales locales (San José y Santa María de la Estrella), y del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Coria, que está representado en la mesa presidencial por su vicepresidente, don Fernando Benítez González. El acto que se va a desarrollar ha sido promovido por la devoción a la Virgen María y la invitación del Papa Francisco al rezo del Rosario.

Mons. D. Santiago Gómez Sierra comenzó explicando que debemos aprovechar la última etapa de este Año de la Fe, que está iluminada por la primera encíclica del Papa Francisco: "Lumen Fidei" ("Luz de la Fe"), que es una carta que comparte una catequesis, con toda la Iglesia, sobre la fe. Desde esta carta, indica que va a enfocar sus palabras sobre el Rosario.

El Rosario es una forma de oración que ilumina nuestra vida real. El Rosario es una forma de oración hecha a la Virgen y que centra la atención en Jesucristo.

El anterior Papa, Benedicto XVI, convocó este Año de la Fe por la crisis existente de esta, ya que es inexistente o defectuosa en muchas personas. La Fe es creer en Alguien que nos ha comunicado la Buena Noticia, que nos ha revelado el Amor que ilumina toda nuestra existencia. Además, creemos gracias a María y la fe nos ayuda a centrarnos en una persona: Jesucristo. La garantía de todo ello es la propia María y el Rosario nos ayuda a profundizar.

El Papa Francisco nos muestra en la "Lumen Fidei" que Jesucristo sigue presente e incluso lo podemos tocar. ¿Cómo podemos tocar a Jesucristo? A través de los Sacramentos.

La oración central de la vida cristiana es el Padrenuestro, la oración que el mismo Jesús nos enseñó para sentirnos hijos; fue el propio Cristo quien nos enseñó a sentirnos como hijos.

El Rosario nos puede servir para crecer en la fe. Esta oración ha sido recomendada en diversas
apariciones de la Virgen, como también lo ha sido por los Santos Padres de la Iglesia y por los Papas.

El Rosario nos ayuda a descubrir la luz de la Fe en el camino de la vida. La luz de la Fe ilumina toda la existencia de la persona, ilumina la vida ordinaria. El Rosario rezado durante etapas de enfermedad, en familia, con alegría, etc., es la luz que ilumina, partiendo de Jesucristo, nuestra vida.

Cuando nos acostumbramos a rezar el Rosario, las cosas de nuestra vida nos evocan sentimientos de la existencia de Dios en nuestra vida, hace que Jesucristo ilumine nuestra vida. El Rosario nos enseña cómo vive María todos los acontecimientos que se mencionan en las Escrituras. Así, María nos enseña a repasar toda la vida, como hizo Ella misma, desde la luz de su Hijo.

Juan Pablo II convocó en 2003 el Año del Rosario para contemplar a Jesucristo y que así iluminara nuestra vida.

Tres ideas finales:

- El Rosario nos ayuda a entender e iluminar nuestra vida desde Jesucristo.

- El Rosario es un compendio del Evangelio. Los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos son el Misterio de Dios que se nos da a conocer en la persona de Jesucristo, quien a su vez nos muestra al Padre. Cada misterio que evocamos es una etapa en la vida de Jesucristo.


- Para ayudarnos a que el Rosario sea aún más una oración, según recomendó Juan Pablo II, se puede reforzar con el Credo, iniciado con un acto de contrición, como en la Eucaristía. También se puede enunciar un misterio (metiéndome yo en la escena que evoca, como si me hallara presente en ese momento). Y en el rezo comunitario del Rosario también se puede añadir algún pasaje de la Escritura que esté relacionado, escuchando así la Palabra de Dios. Además, un instante de silencio antes del rezo de las avemarías sería muy necesario en estos tiempos tan acelerados que tenemos.


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