jueves, 19 de diciembre de 2013

Testimonio de misionero compartido desde La Puebla

NAVIDAD 2013

Dianra, 15 de Diciembre de 2013

Queridos amigos y hermanos:

Hace ya dos meses que regresé de mis vacaciones en España y todavía busco un momento para escribir con calma y dar noticias de estas últimas semanas.

Ante todo, pensando en el tiempo pasado con vosotros, familiares y amigos, en los meses de verano, no puedo mas que decir gracias, a Dios y a vosotros. Gracias por la estima y el afecto que habéis manifestado hacia mí, pero mas todavía hacia lo que intentamos vivir y realizar en este rincón de África: El anuncio del Evangelio, la promoción humana y social, el “hacer camino al andar” con este pueblo que nos acoge. Es verdad que, para muchos, incluso creyentes y practicantes, la misión no es muy diferente de una obra de cooperación o voluntariado, y esto lo digo con la mayor simpatía y respeto por tanta solidaridad que se expresa y se realiza fuera de los límites de la fe o de la Iglesia. Con frecuencia, el compartir la fe con quien no la conoce, no parece ser muy relevante, ni origen de grandes motivaciones.

Yo, como tantos otros, sigo experimentando que la misión, vivida desde la fe, es gracia y privilegio, y me digo con S. Pablo: “Ay de mí si no anuncio el Evangelio” (1Cor 9,16) Sea como sea, con percepciones diversas pero siempre auténticas, os digo también gracias por la ayuda material de muchos de vosotros. He sido testigo de gestos muy fuertes de solidaridad en tiempos de crisis económica.

Así, casi sin darnos cuenta, nos hemos puesto en marcha con un nuevo curso y ya estamos en Adviento y a las puertas de la Navidad. Las situaciones que se nos presentan cada día nos hacen vivir este tiempo con mucho realismo. Percibimos, dramáticamente a veces, la necesidad de cambios, de un futuro mejor, de esperanza en condiciones de vida más justas para todos. Hace unos días una niña de cinco años, Marina, hija de un catequista, murió víctima, probablemente, de un ataque repentino de malaria. Murió en la carretera, cuando sus padres la transportaban de urgencia en una moto a Korogho, donde la habían enviado desde nuestro dispensario a causa de la gravedad de su estado. Con frecuencia, la gente muere sin saber de que, sin haber tenido tiempo de conocer un diagnóstico serio. Es asombrosa la capacidad de sufrimiento de nuestra gente. Nuestros cristianos se debaten entre el fatalismo y una fe confiada y serena. Acompañé a los padres de Marina de vuelva a su casa, llevando en nuestro vehículo el cadáver. Velamos durante casi toda la noche, acompañados de la comunidad cristiana y de mucha más gente. Yo pensaba para mí que todo lo que estábamos viviendo hace más viva nuestra espera y la convierte en lucha contra el fatalismo, la ignorancia, el miedo, la sanidad precaria y muchas cosas más. Es tiempo para darnos cuenta de todo lo que nos falta y también de todo lo que nos sobra para alcanzar una vida digna de ese nombre para todos, vida que Dios nos ofrece y nos promete. Enterramos a Marina en plena noche y, al alba, celebramos la misa. “Yo te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a los pequeños” (Lc 10,21) Eran las palabras de Jesús en el Evangelio de ese día.

FELIZ NAVIDAD a todos. Desde aquí os deseamos unas fiestas sobrias y solidarias, ricas de humanidad y de fe. 

Un cariñoso saludo.

Padre Grau.

Testimonio de misionero compartido por Antonio Tomás (vecino de La Puebla del Río).

No hay comentarios:

Publicar un comentario