viernes, 21 de marzo de 2014

Propuesta de oración comunitaria en Cuaresma, para este fin de semana (22 y 23 de marzo)


Oración comunitaria en tiempo de Cuaresma (propuesta para sábado y domingo de la cuarta semana de marzo).

Oración breve:
TODOS: ¡Tú, Señor, eres el pozo del Agua viva!

Entra, Señor, en el pozo de  mi alma. Es hondo, como el de la Samaritana.
Con fragilidades, como la  vida de la Samaritana.
Con sed de agua limpia, como la de la Samaritana.
Con sed de Dios, como la de la Samaritana Entra, Señor, en el pozo de  mi alma.
Y que, como la Samaritana,  pueda decir también: "He estado con Jesús… Y sabe todo lo que he hecho". Amén.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 4, 5-42.
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: "Dame de beber" (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.)

La samaritana le dice: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?" (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)
Jesús le contestó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva".

La mujer le dice: "Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?".
Jesús le contestó: "El que bebe de este agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna".
La mujer le dice: "Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Él le dice: "Anda, llama a tu marido y vuelve".
La mujer le contesta: "No tengo marido".

Jesús le dice: "Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad".
La mujer le dice: "Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén".
Jesús le dice: "Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad".

La mujer le dice: "Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo."
Jesús le dice: "Soy yo, el que habla contigo".
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué le hablas?" La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: "Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?".

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: "Maestro, come".
Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis".
Los discípulos comentaban entre ellos: "¿Le habrá traído alguien de comer?".
Jesús les dice: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores".

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho".
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo".

Silencio: unos instantes para meditar la Palabra.

Oración de intercesión:
Nos acercamos, como aquella Samaritana, en medio de nuestras ocupaciones, a llenar el cántaro de nuestra alma, que otrora llenábamos de aguas turbias, te pedimos que nos ayudes a dirigirnos al único pozo que tiene el agua salta a la vida eterna. Hoy repetimos TODOS:
Danos, Señor, el agua viva.
- Por la Iglesia, para que ilumine los caminos, que llevan a Cristo y así todos los fieles podamos llenar nuestra alma del Agua fresca de Dios. Oremos.
- Por los pueblos que pasan necesidad, para que entre todos calmemos esa sed y puedan desarrollarse en paz y armonía, ayudados por la Gracia de Dios. Oremos.
- Por todos los que andan desorientados, para que en medio de sus quehaceres, encuentren y reconozcan a Cristo que les pide de beber. Oremos.
- Por los que viven bajo el peso de la enfermedad, la pobreza, la falta de trabajo, para que Cristo calme esa sed natural y les anime a sofocar también, en Él, su sed espiritual. Oremos.
- Por los jóvenes, para que, habiendo reconocido a Cristo como el Agua Viva, no dejen nunca de acercarse al pozo de los sacramentos y la oración donde llenar su alma y calmar su sed. Oremos.
- Por todos nosotros y nuestras familias, para que las prácticas cuaresmales, sean vividas con el gozo que experimenta el alma en el encuentro con Jesús. Oremos.
Otras intenciones, acciones de gracia, bendiciones y peticiones...

Padre, en este caminar cuaresmal, estas son las necesidades de tu Pueblo, te pedimos que las atiendas con prontitud y generosidad, para que no volvamos a tener sed de tu Hijo.

TODOS: Padrenuestro...



Mi camino para esta Cuaresma:
Ayunaré de juzgar a otros, y descubriré a Cristo que vive en ellos.
Ayunaré de palabras hirientes y diré frases sanadoras.
Ayunaré del egoísmo y viviré en gratuidad.
Ayunaré de enojos y procuraré vivir en paciencia.
Ayunaré de pesimismo y me llenaré de bondad.
Ayunaré de preocupaciones y confiaré más en lo que yo soy.
Ayunaré de quejarme y daré gracias a dios por la maravilla de la vida.
Ayunaré de la angustia y meditare con más frecuencia.
Ayunaré de la amargura y practicaré el perdón.
Ayunare de Soberbia y amare con humildad.
Ayunaré de darme importancia a mí mismo y seré compasivo con los demás.
Ayunaré de ansiedad sobre mis cosas y seré misericordioso con el prójimo.
Ayunare de prejuicios y aceptare a mi hermano con simplicidad.
Ayunaré de desalientos y me llenaré del entusiasmo de la fe.
Ayunare de sueños y alimentare mi alma de anhelos.

Ayunaré de todo lo que me separe de Dios e intentaré vivir muy cerca de él.

CUARESMA, DERROCHE DE GRACIA
Jesús avanza decidido por el camino; a su lado se oyen rumores de liberación.
Un torrente de gracia y de luz se vislumbra al final del camino
Es la Cuaresma, derroche de gracia, oportunidad, camino.
Tiempo para dejarnos hacer, para la conversión,
espacio para el silencio, para el amor.
Sus pasos anuncian la increíble buena nueva de la salvación
en el bautismo de la mañana de la Pascua.

A la orilla del camino hay dolor, sufrimiento de la gente.
Se escucha el lamento, el sin sentido, el para qué todo.
Jesús pasa. Su voz habla de vida, su rostro habla de amor.
Estando Él en medio, no todo está perdido.
Es posible que la vida renazca.
Alguien está sembrando mucho amor en ella.
De nuevo pueden brotar la libertad, la creatividad, la belleza.

Jesús tiene prisa por liberar la libertad herida,
quiere recrear la relación perdida entre Dios y el ser humano,
entre los seres humanos entre sí.
¡Cuánto desea que aparezca en la tierra la música de la justicia,
que brote por doquier la danza de la solidaridad!

Jesús despierta la sed de lo esencial,
acompaña a cada uno hasta el manantial que brota en los adentros,
pone en comunión la búsqueda de Dios y la del ser humano,
regala a todos la Palabra de vida.
En terrenos, antes inhóspitos, nace ahora el gusto de la plegaria.
Los corazones, antes estrechos por el único interés del yo,
se ensanchan ahora como una tienda de acogida y de encuentro.

Jesús derrama el perdón a manos llenas.
Habla con gozo de la misericordia entrañable del Padre, de la ternura.
Come con los pecadores, es amigo de los últimos, de los pequeños.
Cuando todo parece que termina sienta a los suyos en una eucaristía,
ante ellos parte su vida y la reparte.
Cuando todo parece que termina sube a la cruz y abraza a todos,
entrega a la humanidad el viento fresco del Espíritu.

Jesús invita a todos en la Cuaresma
a crecer en calidad de amor, en alegría;
a hacer posible entre todos que los más pobres sean más felices.
Porque la gloria de Dios es que todos vivan en plenitud.





Bienaventuranzas de la Cuaresma

Felices quienes recorren el camino cuaresmal con una sonrisa en el rostro y sienten cómo brota de su corazón un sentimiento de alegría incontenible.

Felices quienes durante el tiempo de Cuaresma, y en su vida diaria, practican el ayuno del consumismo, de los programas basura de la televisión, de las críticas, de la indiferencia.

Felices quienes intentan en la cotidianidad ir suavizando su corazón de piedra, para dar paso a la sensibilidad, la ternura, la compasión, la indignación teñida de propuestas.

Felices quienes creen que el perdón, en todos los ámbitos, es uno de los ejes centrales en la puesta en práctica del Evangelio de Jesús, para conseguir un mundo reconciliado.

Felices quienes se aíslan de tanto ruido e información vertiginosa, y hacen un espacio en el desierto de su corazón para que el silencio se transforme en soledad sonora.

Felices quienes recuerdan la promesa de su buen Padre y Madre Dios, quienes renuevan a cada momento su alianza de cercanía y presencia alentadora hacia todo el género humano.

Felices quienes cierran la puerta a los agoreros, a la tristeza y al desencanto, y abren todas las ventanas de su casa al sol de la ilusión, del encanto, de la belleza, de la solidaridad.


Felices quienes emplean sus manos, su mente, sus pies en el servicio gozoso de los demás, quienes más allá de todas las crisis, mantienen, ofrecen y practican la esperanza de la resurrección a todos los desvalidos, marginados y oprimidos del mundo. Entonces sí que habrá brotado la flor de la Pascua al final de un gozoso sendero cuaresmal.

TÚ, Señor, eres fuente de Agua viva.
Cuando estamos perdidos, Tú sales a nuestro encuentro.
Cuando estamos cansados, Tú nos llevas al pozo de Tu Eucaristía.
Cuando estamos  desilusionados, Tú nos llevas al pozo de Tu alegría
Cuando nos perdemos en nuestros pecados, Tú nos conduces a Tu perdón.
Cuando nos fijamos en lo  exterior, Tú nos indicas el camino hacia el corazón.
Cuando nos alejamos de Dios, Tú nos hablas con Tu presencia.
Cuando nos sentimos débiles y muertos, Tú nos das vida con tu Espíritu Santo.
Cuando aparecen arrugas en nuestras almas, Tú les das vida con Tu amor.
TÚ.  SEÑOR, ERES FUENTE DE AGUA VIVA

Oración de Cuaresma
Padre nuestro, que estás en el Cielo, 
durante esta época de arrepentimiento,
 
ten misericordia de nosotros.
 
Con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras buenas obras,
 
transforma nuestro egoísmo en generosidad.
 
Abre nuestros corazones a tu Palabra,
 
sana nuestras heridas del pecado,
 
ayúdanos a hacer el bien en este mundo.
 
Que transformemos la obscuridad
 
y el dolor en vida y alegría.
 
Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo.
 
Amén.

Cuaresma como remedio:
Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados, mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas.

Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Para finalizar: Ave María y Gloria...

Presencialmente, compartiremos esta oración en los salones parroquiales de San Juan Bautista (San Juan de Aznalfarache), a las 19:00, antes de la Eucaristía de las 20:00.

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