jueves, 24 de julio de 2014

La creación del hombre en el libro del Génesis


Se expuso, anteriormente, la Creación en general y apuntábamos que, cerrando ese ciclo creativo, nos propone el libro del Génesis la creación del hombre. Me vais a permitir no ser políticamente correcto, pero estoy harto de denominaciones estúpidas (hombre-mujer) o peor aún hombre-.hombra cuando utilizando el masculino de genérico siempre nos hemos entendido.


Pues bien, después de ir apareciendo todos los elementos en la Creación, Dios crea a quien piensa poner como señor de todo lo creado. Al rey de la creación: al Hombre.



No podemos evitar el hecho de que quien escribe el Antiguo Testamento pertenece a una cultura primitiva y tremendamente machista. Es por ello que el Génesis nos presenta a un Dios alfarero que, a partir de una materia totalmente inconsistente y caduca como es el barro, insufla su Espíritu sobre él y aparece la vida. Es Adán, el primero de los hombres creados. Tras sumirlo en un soporífico sueño y extraerle una costilla modela sobre ella la primera mujer, Eva. 



A pesar de ese detalle machista al que me refería antes, y por supuesto obviando el que surge en segundo lugar, lo que puede entenderse como un privilegio de Adán sobre ella, es obvio también el plano de igualdad, por otra parte, que este relato deja entrever: “esto si que es carne de mi carne y sangre de mi sangre”. Es la compañera igualitaria, la persona que, dentro de la diversidad sexual, establece un plano de igualdad sentimental. Adán y Eva –hombre y mujer– se verán abocados ya a través de las generaciones y los siglos, a entenderse. A vivir una relación de complementariedad y de amor mutuo. Y a través del sacramento del matrimonio, la dualidad corporal hombre-mujer estará llamada a una nueva dimensión: a la unidad de vida que supone el “dejar el hombre a su padre y a su madre y unirse a su mujer, para ser, así un mismo cuerpo”



Todo lo creado, por otra parte, es puesto a disposición del Hombre. Es sometido al dominio de Adán y Eva sobre los que pesará, a partir de ahora, la tremenda responsabilidad de cuidar de la Naturaleza. De no degradar y conservar lo que Dios creó, “y vio que era bueno”. El egoísmo de los descendientes de Adán y Eva ha hecho y hace que no mantengamos en muchas ocasiones ese beneficio que supone la Naturaleza creada por Dios. Y que la ataquemos y la descuidemos, olvidándonos que Él la puso a nuestra disposición para que la cuidáramos. Para potenciar en ella todo lo bueno y eliminar todo lo malo que pudiera surgir.



Entre otras cosas esta pequeña reflexión sobre este tema nos aporta una visión ecológica que no estamos demasiado acostumbrados a encontrar por ahí.


Alabad al Señor con vuestras vidas y que Él os bendiga.

Texto elaborado por Francisco Camacho, diácono permanente en San Juan de Aznalfarache.

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