domingo, 13 de julio de 2014

Reflexión: "Si el Señor no construye la casa"...



“Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”…



Mi reflexión de hoy (sábado, 12/07/14) va a girar en torno a esta corta frase, extraída de los Salmos.

¿Qué es la casa? Nuestra casa, nuestro hogar, es el lugar donde nos encontramos más cómodos. Donde vivimos asiduamente. Donde soñamos y luchamos. Donde las alegrías y las penas, los éxitos y las frustraciones tienen su lugar de descanso y relax.



Sin embargo, la casa a la que se refiere el Salmo no es ese lugar físico. Se refiere más bien a nuestra propia vida. Aquello que perseguimos diariamente porque entendemos que una vez conseguido puede hacernos felices. Lo que estimamos necesario para que se produzca el deseado equilibrio entre mis lógicas aspiraciones humanas y los objetivos conseguidos, en este sentido. La casa es, pues, mi propia vida.



¿Quiénes son el constructor y los albañiles? En una obra, el constructor es quien la diseña, quien elabora los planos que servirán de base a los albañiles para realizar su trabajo: aportar la mano de obra para que la construcción pueda ser realizada. En la construcción de esta casa, nos empeñamos en acumular en nosotros mismos estos dos oficios. Queremos ser el albañil que construya nuestra vida. Que coloque uno a uno, los ladrillos de los pilares de nuestra existencia. Pero sobre todo, pensamos que nadie como nosotros mismos para saber qué es lo que más me gusta, lo que yo necesito, lo que realmente me hace feliz. Nadie me conoce mejor que yo mismo, luego nadie va a saber qué necesito para ser feliz.



Lo que ocurre es que esto es una verdad a medias. Porque nuestro saber, nuestro conocer, nuestro entendimiento es relativo. Está sujeto a la limitación procedente de nuestra condición humana. Somos limitados. Pero el verdadero constructor no tiene esta limitación. Porque el constructor de nuestra casa, el constructor de nuestra vida es el Señor.es Dios. Y Él que todo lo sabe, que todo lo puede, que todo lo abarca…no nos castiga con desilusiones, frustraciones, enfermedades, etc. Pero sí las permite para que nos ayuden en la construcción de nuestra casa. Nuestra vida es un cúmulo de satisfacciones e insatisfacciones; de alegrías y de penas, de felicidad e infelicidad. Todas ellas se van alternando día a día, minuto a minuto, segundo a segundo, para ir haciéndonos más fuertes, más humanos, más personas…



Cuando tenemos claro este término. Cuando somos capaces de reconocer en el Señor a ese constructor de nuestra casa, de nuestra vida,. De nuestra existencia. Cuando confiamos ciegamente en que lo que nos ocurre, sea bueno o malo, deseable o tan poco apetecible como puede ser una enfermedad grave, sentiremos la tremenda alegría, la enorme satisfacción de poder cantar con el salmo: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”…



ALABAD AL SEÑOR CON VUESTRAS VIDAS. Que Él os bendiga.

Por Francisco Camacho, diácono permanente en la Iglesia parroquial de San Juan Bautista, de San Juan de Aznalfarache.

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