miércoles, 1 de abril de 2015

Evangelio y breve comentario para el domingo 5 de abril de 2015


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 1-9
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y le dijo:
—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.


Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.

Breve comentario al Evangelio del 5 de abril de 2015
Vida compartida (Juan 20, 1-9)
Desde hace décadas se ha empeñado la cultura progre-capitalista en convencernos que nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestro tiempo, nuestras capacidades son nuestras en propiedad privada, y que a nadie hemos de dar cuenta de los que hacemos con nuestra vida, nuestro tiempo, nuestras capacidades o nuestro cuerpo. Se empeña en que confundamos libertad con independencia, desvinculación e individualismo.  Y cuando convence a alguien lo hace profundamente infeliz. Defendiendo su “intimidad” y “emancipación” va cortando la vinculación con vecinos y familiares, mantiene encuentros controlados y tasados que no tocan sus sentimientos ni colman su necesidad de afecto y donación.

La resurrección de Cristo es una experiencia vivida desde la profunda comunión de los discípulos: los que descubren a Cristo resucitado se saben enviados a compartir con los otros discípulos la gran noticia; compartiendo el pan se saben comunitariamente fundados en la vida del Maestro; reciben una paz y un alegría que los hacen vivir profundamente reconciliados; quien no comparte la oración comunitaria no puede descubrir la fuente de vida nueva que trae el Resucitado.

La plenitud intima y la paz profunda que se nos ofrece en las experiencias sencillas de sentirnos familia, de vivir en comunión, de sabernos pueblo, son un anticipo de la experiencia radical de sabernos mutuamente fundados en  la resurrección de Cristo. Jesús de Nazaret, al resucitar, ya es para nosotros Jesucristo; la vida verdadera es vida compartida, vida en comunión, vida que no pertenece, que te regalan para que la ofrezcas.


En tu mano está acoger la vida en comunión sencilla de fe. 

Comentario realizado por el Rvdo. P. José Joaquín Castellón Martín, administrador parroquial de la Parroquia de San Ildefonso (Mairena del Aljarafe).

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