jueves, 16 de abril de 2015

Evangelio y breve comentario para el domingo 19 de abril de 2015


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 23, 35-48
En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había acontecido en el camino y como reconocieron a Jesús en el partir el pan. Mientras hablaba; se presentó Jesús en medio de sus discípulos y les dijo:
-- Paz a vosotros.
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo:
--¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
--¿Tenéis ahí algo que comer?
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. El lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
--Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:
--Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.

Breve comentario al Evangelio del 19 de abril de 2015.
Vida consciente (Lucas 24, 36-48)
Corrían los siglos XVIII y XIX cuando ciencia y fe parecían contradecirse y oponerse irremisiblemente. En el siglo XX eso cambió; es verdad que de vez en cuando algún divulgador de la ciencia, poco ilustrado o poco sincero, se sigue empeñando en que eso sea así. Pero el último gran filósofo de la ciencia, Thomas Kuhn, al analizar la historia de la ciencia descubrió que para la comprobación de una teoría científica innovadora e importante hacía falta la fe de toda una comunidad de científicos, dispuestos a sacrificar su vida en ese empeño.
La fe es, en cierto sentido, creer sin pruebas; pero, en otro sentido, es la capacidad de comprender la luz que procede del fondo de nuestra vida y que nos permite vivirla con consciencia y lucidez. Nada más dañino y destructor que contraponer ciencia y conciencia. Nada más enriquecedor que ir intuyendo y comprobando como la luz de la fe nos permite descubrir el verdadero sentido de nuestra vida y de toda la historia.
No es fácil descubrir el poder del perdón, ni la fuerza de la cruz, ni la capacidad de transformación histórica de los pobres, ni la luminosidad que brota de la contemplación, “a oscuras y segura”, de la presencia de Dios. No es fácil, pero conforme uno se entrega a la verdad presentida, se nos va revelando la verdad, que no vemos, por transparente y cristalina.

Echa cuentas de cuántas veces la vida te ha ido abriendo la inteligencia para que descubras lo importante como importante; para que descubras tus propias capacidades y limitaciones; para que acojas con infantil confianza a Quien siempre nos sorprende. No esperes que sea tarde para abrir tu ciencia a la conciencia que te interpela. 

Comentario realizado por el Rvdo. P. José Joaquín Castellón Martín, administrador parroquial de la Parroquia de San Ildefonso (Mairena del Aljarafe).

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