martes, 28 de abril de 2015

Evangelio y breve comentario para el domingo 3 de mayo de 2015


Evangelio del 3 de mayo de 2015 (Juan 15,1-8):
Dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Breve comentario al Evangelio del 3 de mayo de 2015:
Vida que madura (Juan 15, 1-8).
La Vida que Jesús resucitado trae a nuestras vidas es una vida que va madurando al calor del tiempo, de las alegrías y las dificultades. Nada más sencillo que ser cristiano: creer en Jesucristo, querer amar al hermano. Ningún camino con un horizonte más amplio que el camino de la fe.
Cada día, cada circunstancia nos irá mostrando cómo cada uno ha de ser fiel a Cristo y a ese mandato suyo de amar. Unos están en hospitales cuidando a los suyos; otros alentando el bien en los niños de catequesis; otros acompañando las ansias y búsquedas de los jóvenes y adolescentes; otros compartiendo el trabajo por un mundo más justo.
Nada se nos pide, porque todo se nos da; con la confianza de que nos entreguemos por entero. ¿No es así el amor?
Cristo no es una ley a cumplir; no es una norma que respetar; no son unos deberes que asumir. Cristo es la vid y nosotros somos los sarmientos. Él es la vida que desde nuestro interior nos hace dar fruto. Y cuando lo damos, nos limpia para que demos más. Nos lo ha dado todo, todo; nada de extraño hay en que nos lo pida todo.
Respetará tus ritmos; te acompañará en tus búsquedas; asumirá el tiempo que necesitas para madurar; pero reclamará que des tus frutos de amor a su tiempo; y cuando los des, te pedirá más. Y tú estarás cada día más a gusto dando fruto, abundante, generosa, fraternalmente. Y cuando des fruto, sabrás, a ciencia cierta, que sólo los puedes dar porque antes toda la vida te la han dado.
¿Cómo agradecer toda la Vida que se nos da?

Comentario realizado por el Rvdo. P. José Joaquín Castellón Martín, administrador parroquial de la Parroquia de San Ildefonso (Mairena del Aljarafe).

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