lunes, 31 de agosto de 2015

"La espiritualidad ignaciana", texto compartida por D. Antonio Santos, Pbro.


La espiritualidad consiste en aprender a ver lo que no vemos; construir otra forma de sentir y encender la luz de vivir. La espiritualidad tiene que ver con el sentido y el estilo de vida que tengo, con mi manera de situarme frente al mundo, con el sentido que doy a mi trabajo, a mi familia, a mis estudios. La espiritualidad pretende ayudarme a responder las preguntas existenciales: ¿Quién soy? ¿Para qué fui creado? ¿Cómo ser feliz?

Una espiritualidad cristiana tiene que ver con un estilo de vida y un modo de construir relaciones con las criaturas y el Creador, inspiradas en la persona de Jesús de Nazaret. Los rasgos básicos de una espiritualidad cristiana son: reconocer a Dios como un Padre Amoroso y Misericordioso; reconocer al otro como hermano y en él encontrar la presencia de Jesús, por el misterio de la encarnación; experimentarme como parte de una humanidad, entender mi existencia desde la comunidad y en la solidaridad con los pobres, como una manera de explicitar nuestra fe en Jesús.

La espiritualidad ignaciana es para los jóvenes que buscan algo más en su vida. Ignacio pretende que la persona se adentre en el mundo de los deseos para dejarse llevar por aquéllos que le conducen al amor más grande y a la verdadera libertad. La persona, por sí misma, tendrá que darse cuenta de cuáles son esos deseos, porque dirá Ignacio que es de “más gusto y fruto espiritual” que la persona por sí misma se dé cuenta de las cosas, que si quien lo acompaña se las hiciera saber. Ciertamente necesita un buen acompañante que le ayude a confirmar sus búsquedas.

Ignacio nos anima a orar con los cinco sentidos: mirar, oír, tocar, oler y saborear. La oración donde sólo utilizamos la razón no es suficiente para afectar nuestra voluntad. Necesitamos generar experiencias dentro de la oración que realmente afecten los sentidos, para impulsarnos a ordenar nuestros afectos. Ignacio dirá que “no el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente”. Se trata de contemplar cómo Dios está presente en la naturaleza, en la creación, en la humanidad, en el universo y en mí mismo.

En efecto, Ignacio nos conduce a una relación personal y afectiva con la persona de Jesús. Se trata de sentir su amistad y desde ahí buscamos vivir el seguimiento. La persona de Jesús se convierte en modelo de nuestra vida, su modo de proceder es nuestro parámetro para relacionarme hoy con las personas, la creación, Dios, los excluidos, la mujer, el hombre, el dinero, el poder, etc.

Que os aproveche.
Antonio Santos, Pbro (párroco de Santa María de la Estrella, en Coria del Río).

Texto compartido en su perfil Facebook el día 31 de agosto y agradecemos poder compartirlo.

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