miércoles, 21 de octubre de 2015

El cristiano del futuro


El cristiano del futuro, el joven o adulto del presente, o es un místico, es decir, una persona que ha “experimentado a Alguien”, o no será cristiano.

En nuestra vida personal, en nuestras parroquias y grupos, casi todos somos producto de esta “sociedad de las prisas” en que vivimos. Casi todos tenemos que hacer muchas cosas: estudiar, trabajar, comprometernos en acciones sociales, laborales, eclesiales,... También hay muchos que no hacen o no pueden hacer casi nada. Para empezar, no tienen trabajo.

La lentitud de nuestros procesos personales de crecimiento o maduración, así como el encontrarnos cada día con situaciones desagradables, no queridas, injusticias, sufrimiento de muchas personas, vacíos existenciales, ... va alimentando en muchos cristianos la impaciencia, las prisas.

También hay quienes cierran los ojos a todo este mundo de alegrías y sufrimientos. Piensan que no pueden o no quieren hacer nada, y se dedican al cultivo de la propia intimidad, de los valores y necesidades personales.

Estamos hablando de creyentes. Pues habría que decir: Sólo el cristiano que tiene la experiencia de Dios, de su presencia en su vida y en la vida de la humanidad, sólo el cristiano que sabe escucharlo y descubrirlo de la mañana a la noche, en el entramado de la vida y de la historia, es capaz de “vivir el gozo maravilloso y audaz, creativo y transformador de confiar en Él, de sentirse en sus manos, de vivir con dirección y con sentido”. Podríamos decir que es un joven, hombre o mujer “de espiritualidad profunda y arraigada”.

“La espiritualidad cristiana se parece a la humedad y al agua, que mantienen empapada la tierra para que ésta esté siempre verde y en crecimiento. El agua y la humedad del pasto no se ven, pero sin ellos la hierba se seca. Lo que se ve es el pasto, su verdor y su belleza, y es el pasto lo que queremos cultivar, pero sabemos que para ello debemos regarlo y mantenerlo húmedo. (Ver Lucas 6, 47‑49)”. (Materiales de la Acción Católica).

La espiritualidad cristiana, “vida en el Espíritu”, “vida según el Espíritu”, tiene una raíz común: “La unión vital con Cristo”. (Juan 15, 5): “Permaneced en Mí y Yo en vosotros. El que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque sin Mí nada podéis hacer".
Y esta espiritualidad cristiana tiene unas fuentes comunes:
1. La palabra de Dios, la Biblia.
2. Los sacramentos, en especial la Eucaristía.
3. La comunidad creyente, la Iglesia.
4. La oración personal y comunitaria.
5. La vida. Nuestra vida y la vida de los hombres ha de hacerse sacramento a través del cual el creyente descubra la acción salvadora de Dios en la historia. “En ella ha de descubrir el rostro de Dios. Allí ha de oír y acoger su Palabra, allí ha de secundar el proyecto del Reino de Dios que anunció Jesús, allí ha de situarse como creyente reconstruyendo la historia en la dinámica de la memoria del Reino” (Concilio Vaticano II).

Para finalizar esta introducción podemos afirmar:
a).‑ Es necesario que nos convenzamos de la primacía del amor. El amor es lo que da valor a todas las cosas.
b).‑ El que ama experimentará la exigencia interior de vivenciar su amor en el silencio contemplativo de la oración personal, en el compromiso transformador y en el encuentro con los otros y con el Otro dentro de la comunidad cristiana.
c).‑ El compromiso y vida como cristianos será más auténtico cuando la oración, más que “tiempos”, sea “una vida”.

PENSAMOS Y DIALOGAMOS.
- ¿Cómo te encuentras: vacío de Dios, sediento de Dios, lleno de Dios,...?
- Las fuentes comunes de la espiritualidad cristiana: ¿qué lugar ocupa cada una de ellas en tu vida?
- ¿Tienes experiencia de oración?
- ¿Tienes experiencia de lo que es una vida orientada por el amor y el servicio a los demás?
- ¿Qué es lo más importante en tu vida, lo que más deseas, lo que más valoras?.
SEÑOR, ENSÉÑANOS A REZAR.
(De Hedwig Lewis)

Ponte en presencia del Señor. Invoca al Espíritu Santo. A continuación puedes seguir leyendo:
- El Padre llama a mi puerta buscando un hogar para su hijo.
El alquiler es barato, de verdad ‑ le digo.
No quiero alquilarlo, quiero comprarlo ‑ dice Dios.
No sé si querré venderlo, pero puedes entrar y echarle un vistazo.
Sí, voy a verlo ‑ dice Dios.
Te podría dejar una o dos habitaciones.
Me gusta ‑dice Dios‑. Voy a tomar las dos. Quizá decidas algún día darme más.
Puedo esperar.
Me gustaría dejarte más, pero me resulta algo difícil; necesito cierto espacio para mí.
Me hago cargo ‑dice Dios‑, pero aguardaré. Lo que he visto me gusta.
Bueno, quizá te pueda dejar otra habitación. En realidad, yo no necesito tanto.
Gracias ‑dice Dios‑. La tomo. Me gusta lo que he visto.

Me gustaría dejarte toda la casa, pero tengo mis dudas.
Piénsalo ‑dice Dios‑, Yo no te dejaría fuera. Tu casa sería mía y mi hijo viviría en ella. Y tú tendrías más espacio del que has tenido nunca.
No entiendo lo que me estás diciendo.
Ya lo sé ‑dice Dios‑, pero no puedo explicártelo. Tendrás que descubrirlo por tu cuenta. Y esto sólo puede suceder si le dejas a él toda la casa.
Un poco arriesgado, ¿no?
Así es ‑dice Dios‑, pero ponme a prueba.
Me lo pensaré. Me pondré en contacto contigo.
Puedo esperar ‑dice Dios‑. Lo que he visto me gusta.
(Margaret Halaska, O.S.F.)

"Mira que estoy a la puerta llamando. Si alguien escucha mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos."
Apocalipsis 3, 20

1. Cierra los ojos, tranquiliza el cuerpo, acalla la mente.
Oyes que alguien llama a la puerta. Al abrir te encuentras allí con Dios. 
¿Cuál es tu primera reacción? Invítale a entrar. Ofrécele un asiento. Inicia una conversación. Háblale de tus intenciones, deseos, planes, temores... acerca de estos momentos de oración que estás ahora empezando. 
Escucha lo que él te diga; después, respóndele.
2. Si se te acaban las palabras, no te apures. Él te comprende. Observa, en silencio, cómo te mira con amor, y aguarda a que te hable una vez más.
3. Lee y medita: 2 Corintios 5, 1‑10.
4. Pídele al Señor valor para dejar que Él tenga un lugar permanente en tu corazón. Ruega para que te sientas con El como si Dios estuviera en casa.
¿No has oído sus pasos callados?
Él viene, viene... siempre viene.

Un saludo a todos. Antonio Santos Pbro. Párroco de la Estrella de Coria.
Puedes terminar con un Padre Nuestro.
19 de octubre de 2015.

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