jueves, 19 de noviembre de 2015

Lectura del evangelio del 22 de noviembre y breve reflexión


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 18, 33b– 37
En aquel tiempo, preguntó Pilatos a Jesús:
-- ¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó:
-- ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
Pilatos replicó:
-- ¿Acaso yo soy judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí ¿Qué has hecho?
Jesús le contestó:
-- Mi reino no es de este mundo. Si me reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilatos le dijo:
-- Conque, ¿tú eres rey?
Jesús le contestó:
-- Tú lo dices: Soy Rey. Yo para esto he nacido y por eso he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

Reflexión al Evangelio del domingo 22 de noviembre de 2015: Hoja de Reclamaciones  (Juan 18, 33-37).
No siempre la vida es justa. Pero es que a veces es terriblemente injusta. Y el sufrimiento sordo de los inocentes reclama una justicia que colme las ansias de humanidad de todas las personas.
“Mi marido murió de accidente laboral hace 15 años. Él sabía que en el andamio no había las medidas suficientes de seguridad, pero era eso o el paro; y aceptó el trabajo. Hoy habría sido abuelo, nuestro hijo ha tenido una niña… qué injusta fue su muerte, cuánta vida se ha perdido”.
“Desde que don Manuel abusó de mí cuando adolescente toda mi afectividad se ha bloqueado. En ese aspecto no sé quién soy, ni lo que quiero; todo me da miedo y siempre acabo desahogándome yo sólo. Yo creo que no me casaré; a mis 45 años, ya no está eso ni en mi horizonte de vida”.
“Era una niña buena, pero tropezó con malas amistades. Entró en la droga, se ennovió con un malasangre que le pegaba. Ahora tendría 25 años, pero lleva cuatro años muerta”.
Tanta injusticia, tanta guerra, tanta violencia, tanto dolor reclama justicia. Una justicia que restañe todas las heridas. Una justicia que dé vida a los que la perdieron sin razón, la justicia que los pobres necesitan.
¡Venga tu Reino, Señor! ¡Venga tu Reino!
Nosotros queremos construirlo con nuestra vida, alentados por la fe en ti. Pero hay tantas situaciones que nos desbordan… ¡Venga tu Reino! y llene a los pobres de vida, y a los que sufren los colme de consuelo. ¡Venga tu Reino! Atentos a tu Palabra, acogiendo tu Presencia, entregándonos a tu voluntad, seguimos diciendo: ¡Venga a nosotros tu Reino!

Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.
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