jueves, 10 de diciembre de 2015

Lectura y breve reflexión del Evangelio, domingo 13-dic. 2015


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 3, 10-18
En aquel tiempo, la gente preguntó a Juan:
-- ¿Entonces, qué hacemos?
Él contestó:
-- El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.
Vinieron también a bautizarse unos publicanos, y le preguntaron:
-- Maestro, ¿qué hacemos nosotros?
Él les contestó:
-- No exijáis más de lo establecido.
Unos militares le preguntaron:
-- ¿Qué hacemos nosotros?
Él les contestó:
-- No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga.
El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
-- Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego: tiene en la mano la horca para aventar la parva y reunir el trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
Añadiendo otras muchas cosas exhortaba al pueblo y les anunciaba la Buena Noticia.

Reflexión sobre el Evangelio del domingo 13 de diciembre de 2015: “Misericordia” (Lucas 3, 10-18)
“No puede vivir felizmente aquel que sólo se contempla a sí mismo, que lo refiere todo a su propio provecho: has de vivir para el prójimo, si quieres vivir para ti”. Escribía Séneca, uno de los más grandes filósofos españoles, en sus Cartas a Lucilio, y daba un impulso al dinamismo humanista de la filosofía occidental como pocas veces se ha hecho.
“Has de vivir para el prójimo”; ¿y cuándo no tiene uno fuerzas ni para vivir para sí?
Nuestra vida es como el cauce de un río: sólo podemos entregar lo que recibimos. Sólo si acogemos en nuestra debilidad y en nuestras carencias, la misericordia del Padre y la mano del hermano, podemos dar la mano y mirar con verdadera ternura al que sufre.
Quien mira con misericordia a su hermano lo contempla con alegría, abierto a la grandeza de su alma, reconociendo sus capacidades, buscando el camino para ir con él desarrollando su humanidad. Mirar con misericordia es reconocerse en el otro, reconocerlo en uno mismo.
Pero sólo el Padre puede mirarnos desde dentro, desde lo más auténtico de nosotros mismos. Y cuando el Padre te mira “se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo”, así te lo dice quien se sintió mirado con misericordia y pudo alentar a un pueblo que vivía la desesperanza y el dolor, Sofonías.
¿Cómo tuvo que vivir Jesucristo la misericordia del Padre para acoger con tanta ternura, para levantar tanta esperanza, para interpelar con tanta fuerza, para conmover tan hondamente a quien lo contempló? Fuego de misericordia fue, es, su Vida.

Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.
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