miércoles, 16 de diciembre de 2015

Lectura y breve reflexión del Evangelio, domingo 20-dic. 2015

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 1, 39- 45
En aquellos días, María se puso de camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel escuchó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo voz en grito:

-¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Breve reflexión sobre el Evangelio del domingo 20 de diciembre de 2015: “Fruto de tu vientre” (Lucas 1, 39-45)
No se incorpora al “curriculum vitae” los hijos que se han tenido y que se han criado, cuando la crianza de los hijos es de las acciones que más tiempo y esfuerzo necesitan; que más gratificaciones y sabiduría da; que más arraigo y, a la vez, perspectiva de futuro imprimen en la vida.

Fulana de tal, médico y madre de dos hijos. Fulano de tal, abogado, master en derecho laboral y padre de tres hijos. Señora Tal y Tal, maestra y madre de dos hijos, uno de ellos con una limitación de movilidad…

En nuestra sociedad parece que el éxito vital está ligado al ascenso en la jerarquía profesional, a la consecución de unas altas retribuciones, a un reconocimiento en la competitividad profesional. Desde luego que todo esto es importante, pero quien hace paciente y tolerante a una persona, quien lo hace capaz de arrostrar riesgos y sacrificios, quien le da la mayor estabilidad y bienestar es la propia familia.

El gozo de las caricias; la lentitud del crecimiento de los niños; los sacrificios que exige su crianza y su educación; el sentido concreto, profundo que da a la propia persona; la exigencia de donación, de humildad y de gratuidad que tiene vivir en familia; el misterio de vida, de amor y de reconciliación que ofrece; hacen de la familia sacramento de la vida de Dios.

Esto nos afecta a todos, pero es la mujer quien concibe y gesta en la intimidad, quien da a luz esforzadamente, quien amamanta y acoge en su seno. Ser madre es un grado. Los  que no somos madres, queremos estar, con vosotras y a vuestro estilo, al servicio de la vida.

Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.
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