miércoles, 2 de diciembre de 2015

Lectura y breve reflexión sobre el Evangelio del domingo 6 de diciembre de 2015


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 3, 1-6
En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías.
-- Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.

Reflexión sobre el Evangelio del domingo 6 de diciembre de 2015: Muéstranos a Jesús (Lucas 3, 1-6)
Ya no somos ingenuos. Sabemos que los montes no se van a bajar, ni los valles van a subir por la fuerza de nuestros actos. Sabemos que quien promete acabar con la injusticia, cuando llega al poder justifica sus arbitrariedades y abusos de manera parecida a los que estaban antes. Pero hay una fuerza en nuestro corazón que nos impide conformarnos y quedarnos de brazos cruzados.

Hay para quienes la Navidad son bellas tradiciones: belenes, villancicos, regalos, árboles adornados, turrones y alfajores… Para los pobres este tiempo y todos los tiempos son un anhelo. El anhelo de los jóvenes de encontrar un trabajo; el anhelo de los abuelos de ver crecer felices a sus nietos; el anhelo de los padres de tener un techo y un futuro que ofrecer a sus hijos: un anhelo que, a veces, cuesta mantener, por la dureza de la vida.

Todo no se va a solucionar, pero necesitamos un signo de esperanza; necesitamos un signo de que nuestro esfuerzo por construir un mundo más justo, por la dignidad de los débiles, acompaña la corriente del río de la historia. Necesitamos un signo para seguir esperando, trabajando, orando.

Ese signo fue Juan el Bautista: “Preparad el camino al Señor”, vino diciendo. Y el alma se nos llenó de esperanza, no porque nuestro trabajo pudiera cambiarlo todo, sino porque iba a llegar la Luz a nuestra vida.

Todo no se arreglará, pero yo necesito abrir el corazón y los ojos a esperanza para reconocer a Cristo que viene. No se arreglará todo, pero un niño acogido, una abuela consolada, una familia confortada, un joven animado a luchar… son los que pueden mostrarnos a Jesús que viene. Aun no lo sabes, pero tú que la pobreza vives en esperanza, puedes mostrarnos a Jesús.

Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.
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