miércoles, 20 de enero de 2016

Lectura del Evangelio del 24 de enero de 2016 y breve reflexión


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (1,1-4; 4, 14-21):
Excelentísimo Teófilo:
Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.
Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Reflexión al Evangelio del 24 de enero de 2016 ¿Palabra de quién? (Lucas 1,1-4)
¿Qué significa que la Biblia es Palabra de Dios? La Biblia está escrita, y reescrita generación tras generación de creyentes, por personas, por hombres y mujeres como tú y como yo. Pero en esa palabra de hombres, los creyentes reconocemos la Palabra que Dios nos quiere transmitir. ¿Qué significa eso?

Hubo un tiempo que se pensó que por ser Palabra de Dios, la Biblia tenía que tener respuesta a toda pregunta humana. Incluso que tenía que responder a las preguntas de la ciencia sobre cuáles son las leyes que rigen el cosmos y la naturaleza. Hoy ya lo entendemos mejor, y sabemos que la Verdad de la Palabra de Dios, no menoscaba la aventura humana de ir descubriendo verdades humanas y limitadas en las que ir realizando nuestra libertad.

Por ser Palabra de Dios la Biblia tiene una Verdad concreta y directa para cada persona en cada una de sus situaciones vitales. La palabra de un hombre siempre encuentra su sentido en ser dicha para un interlocutor en un momento dado. La Palabra de Dios, porque Dios está siempre en nuestro corazón, está dicha para todos y cada uno, en cada una de nuestras  circunstancias.

Leer los Salmos y verse consolado por el mismo Padre Creador de todo en esas viejas palabras siempre nuevas… Leer el Evangelio y saberse aleccionado por el mismo Jesús con el que los discípulos compartieron su vida… Nada puede ser más emocionante.

Leer la Palabra es dejar que Dios te lea el corazón, y dejar que Él escriba, quizás en acróstico, la palabra amor.

Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.
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