jueves, 18 de febrero de 2016

Evangelio del domingo, 21 de febrero de 2016


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 9, 28b-36
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba. El aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablan de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
—Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:
—Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle.
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaban silencio y, por el momento no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Breve comentario al Evangelio del 21 de febrero de 2016: “Horizonte de luz” (Lucas 9, 28-36)
“te estoy pidiendo que nos casemos todavía, no es eso. Sólo te digo lo hermoso que me parece lo que se dicen los novios al casarse: “En la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas…” Es hermoso que una pareja se proponga amarse y cuidarse cuando en el horizonte aparezca la cruz.
Querernos como nosotros ahora es casi natural. Tú eres tan hermosa, y tan buena conmigo, que no podría no quererte. Pero yo te querré cuando ya seas viejecita y tu cuerpo ya no esté tan terso y suave; yo te querré cuando estés enferma, y querré cuidarte con mimo; yo te querré aun cuando los problemas de la vida ensombrezcan tu rostro.
No, no; no es que sea un romántico. ¿Qué clase de amor es el que sólo quiere en lo fácil? Yo quiero que sigamos juntos, sobre todo, cuando tengamos problemas. No me lo imagino, pero algún día uno de los dos estaremos en un hospital, y me emociona pensar que el otro estará allí al lado de esa cama. Yo quiero que nuestro amor sea tan fuerte que ilumine cualquier tiniebla. Contigo a mi lado sólo me da miedo que no me quieras.
No, no; no me digas que pienso cosas extrañas. También nosotros llegaremos a mayores; también nosotros podremos tener problemas con nuestros hijos; también nosotros viviremos la enfermedad, la cruz. Y nada de eso me da miedo sabiendo que cuento contigo.
Ven, ven; ven ahora aquí cerca que te abrace; acurrúcate en mi pecho, que tu cercanía se convierte para mí en manantial de reconciliación y de paz. Teniéndote así, ¿cómo no creer en Dios?


Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

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