miércoles, 3 de febrero de 2016

Lectura del Evangelio del domingo 7 de febrero de 2016 y breve reflexión


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 5,1-11:
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»

Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.» Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.» Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Reflexión sobre el Evangelio del 7 de febrero de 2016: “Más difícil todavía” (Lucas 5, 1-11).
Los pescadores de bajura saben que los bancos de jureles y sardinas hay que buscarlos de noche. En cuanto los peces ven el clarear del día buscan la oscuridad de aguas más profundas y ya es imposible que las redes lleguen a donde están. Por eso al amanecer ya está el pescado en las lonjas.

Intentar pescar ya de día, donde se había intentado infructuosamente durante una noche, y remando mar adentro donde la mar es más profunda, es tres veces difícil. Tanto que a Pedro, pescador experimentado y de familia de pescadores, se le antojaba imposible. Pero Jesús le mandó echar las redes, y él las echó.

Cuando afrontamos las situaciones difíciles desde la fe y la confianza en Jesús, cuando asumimos tareas buenas que parecen imposibles, cuando rezamos por alguien con todas las circunstancias en contra… es entonces cuando más palpablemente vemos la mano de Dios que nos protege, que nos impulsa, que trabaja con su pueblo en la tarea del Evangelio.

Si has sentido la mano paternal de Dios en tu vida, arrodíllate delante de Jesucristo y escucha su voz que dice: “No temas que desde ahora serás pescador de hombres”. Si has experimentado el amor de Dios en tu vida, no dudes de que Jesucristo te llama a anunciar la bondad y la justicia a los niños y los ancianos, a los jóvenes y las familias. El amor de Dios siempre es expansivo; y cuando nos ilumina, quiere que lo reflejemos en nuestros hermanos; y cuando nos ayuda, quiere que seamos testigos de la Buena Noticia que para todos es la fe en Cristo Resucitado.

Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.
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