jueves, 24 de marzo de 2016

Lectura y breve reflexión sobre el Evangelio del domingo 27 de marzo de 2016


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 24, 1-12
El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y entrando no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron:

— ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. HA RESUCITADO.
Acordaos de los que os dijo estando todavía en Galilea: “El Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado, y al tercer día resucitar”. Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a los demás. María Magdalena, Juana y María la de Santiago, y sus compañeras contaban esto a los Apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido.

Reflexión sobre el Evangelio del 27 de marzo de 2016: Vivir en Esperanza (Lucas 24,1-12)
Eran los mismos, pero su vida había cambiado. Los tres años con el Nazareno les había hecho ver la vida de manera muy distinta. Mientras estuvieron con el Maestro vivían profundamente ilusionados; lo veían como el jefe del pueblo que iba, por fin, a cambiarlo todo; se veían, aunque no quisieran reconocerlo, como líderes, también, de su pueblo; reconstruirían a Israel desde la justicia, y Jerusalén sería, en verdad, ciudad de paz.

Pero la experiencia de la muerte y resurrección de Jesucristo los cambió más profundamente que los tres años que lo habían acompañado. Ya no vivían una ilusión, yo no vivían de una esperanza; la experiencia de la resurrección los hizo vivir en esperanza.

Seguían experimentando su debilidad y la debilidad de los hermanos, seguían doliéndose de las injusticias que tenía que soportar el pueblo, seguían alentándose y alentando a todos hacia el bien, pero su corazón tenía ya su raíz en otra vida, en la vida del Resucitado.

Antes estaban enraizados en esta tierra y sus ramas se adelantaban al cielo. Ahora tienen como centro y raíz de su vida a Jesucristo y sus ramas se doblan hasta el suelo por el peso de los frutos de vida nueva. La experiencia de la Resurrección los cambió para sorpresa de ellos y de todos.

Vivir en esperanza es ser capaz de saborear la belleza de la bondad y el amor. Vivir en esperanza es saber poner en su sitio las contrariedades y el dolor. Vivir en esperanza es tener la vida en la Vida de quien se entrega como servidor de Dios y de todos.


Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

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