martes, 19 de abril de 2016

Evangelio del domingo 24 de abril de 2016 y breve reflexión


Evangelio del 24 de abril de 2016, según San Juan 13,31-33a.34-35. 
Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. 
Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. 
Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'. 
Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. 
En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros". 

Reflexión al Evangelio del 24 de abril de 2016: Gloria iluminadora (Juan 13,31-35)
La gloria de Dios es la vida del hombre, que el pobre tenga vida. La gloria de la persona es acoger la vida plena de Dios.
Un matrimonio joven pasea por el parque, ella embarazada, pasean de la mano: Gloria de Dios. Un grupo de adolescentes parlotean animadamente, comen el bocadillo, hora del recreo: Gloria de Dios. Voluntarios de la parroquia están reunidos, buscan la integración de niños de familias inmigrantes: Gloria de Dios. Un hombre de mediana edad sale del metro y espera a que salgan uno, dos, tres, cuatro niños: Gloria de Dios. 20 años, el corazón lleno de ilusiones, un joven quiere consagrar su vida al Reino: Gloria de Dios.
En el último banco de la Iglesia una mujer joven se arrodilla, tiene a su lado la bolsa de la compra, su oración con la cabeza baja queda en su intimidad: la persona se glorifica. Un anciano llora, conversando con el sacerdote; la enfermedad de su esposa lo angustia: amor sufriente, palabras de consuelo, fortaleza en la fe, la persona se glorifica. Siete y media de la mañana, trabajadores en el transporte público, uno de ellos lee en su móvil el evangelio del día, suspira para llenarse de la humanidad de Espíritu que lo envuelve: la persona se glorifica. Delante del confesionario, desahoga su corazón; son pecados cotidianos enquistamiento de relaciones, debilidad en las propias opciones, tropezones de orgullo y rencor; la misericordia del Padre lo reconcilia y lo libera: la persona se glorifica.
Dios hecho hombre entrega su vida para que el hombre acoja su amor: Gloria de hombre y de Dios.


Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

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