miércoles, 13 de abril de 2016

Lectura del Santo Evangelio del domingo 17 de abril de 2016 y breve reflexión


Lectura del Santo Evangelio según San Juan 10, 27-30.
En aquel tiempo, dijo Jesús:
-- Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno.
Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio del 17 de abril de 2016: “Incomprensible esperanza” (Juan 10,27-30).
Preso en un islote de mala muerte; desterrado de la compañía de los suyos; los cristianos escondidos por la crueldad de Diocleciano; viejo ya, y con la salud mermada... Así estaba el evangelista Juan cuando envía a los cristianos, secretamente, el Apocalipsis. Y en vez de pesimismo y derrotismo, de sus palabras brota una esperanza que se torna incomprensible. Habla de pueblos y pueblos, de naciones y naciones, que en todos los rincones del orbe van a adorar a Jesucristo, Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, Cordero que a las ovejas salva.

La incomprensible esperanza que brota en cada línea del Nuevo Testamento tiene su fundamento en la experiencia de la Vida y del Amor de Dios que tuvieron Pedro, Juan, Pablo y todos los que acogieron la experiencia de la Resurrección. Los datos fríos transmiten parálisis o nerviosismo; la esperanza tiene siempre su fundamento en el amor, y encuentra su posibilidad en la fe en el poder de Dios. Ellos habían experimentado lo uno y lo otro.

Las iniciativas más fructíferas que han surgido en la Iglesia han comenzado de una manera tan precaria que sólo el amor y la fe de quienes las asumieron las consiguieron realizar… --“¿Y con eso vas a conseguir algo?”- tuvieron que oír, sin que al que lo decía le faltara razón.

Responde con generosidad a la interpelación que Dios te hace; busca con sensatez darle forma a la esperanza incomprensible que ha puesto en tu corazón; no dejes de recorrer los caminos que permiten anunciar la buena noticia a los pobres, consolar a los abatidos, abrir la humanidad al amor verdadero del Padre.


Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

No hay comentarios:

Publicar un comentario