jueves, 16 de junio de 2016

Evangelio del domingo 19 de junio de 2016 y breve reflexión


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 9, 18-24
Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó:
- «¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos contestaron:
- «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».
Él les preguntó:
- «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Pedro respondió:
-«El Mesías de Dios».
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Porque decía:
- «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos:
- «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará».

Reflexión sobre el Evangelio del 19 de junio de 2016: “¿Cristo sin Cruz?” (Lc 9, 18-24)
Un maestro de moral brillante y agudo; conocido por sus parábolas que hacen pensar, y por sus máximas que marcan un camino justo y bueno en nuestra vida. Un filósofo del sentido de la vida, gran conocedor del espíritu humano, sus contradicciones, de su grandeza y sus miserias; capaz de crear nuevas formas de comprensión de la propia persona, del poder, de la sociedad, del mismo Dios. Un pensador cuyas intuiciones han generado, en gran parte, la civilización occidental; la civilización de la ciencia y los derechos, de la técnica y la solidaridad.
Todo esto es, ciertamente, Jesús de Nazaret. Pero, para los creyentes, lo que en nuestra vida arrostra con más fuerza nuestros miedos y pecados, nuestras debilidades y orgullos, nuestras ilusiones y nuestros sueños, es su cruz y su resurrección.
En su cruz vemos hecho carne y verdad su amor de entrega; en su cruz vemos realizada la coherencia y la sinceridad a que la autoridad de sus palabras apuntaban; en su cruz vemos hasta qué punto la misericordia y el perdón y el amor del Padre no tiene límites. En su cruz ponemos en suspenso todos nuestros sufrimientos; en su cruz nos sentimos interpelados a entregarnos también nosotros a los demás; en su cruz se ve denunciada la prepotencia de los ricos y los poderosos, y de la cobardía cómplice de tantos; en su cruz se ven iluminados los sufrimientos de los débiles y los sencillos.
¿Cómo no contemplarte y acoger la vida que nos viene por tu resurrección y tu cruz?  


Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario