miércoles, 22 de junio de 2016

Evangelio del domingo 26 de junio de 2016 y breve reflexión

Domingo, 26 de junio de 2016: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 9, 51-62
Cuando se completaron los días en que iba de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
- «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y les regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea.
Mientras iban de camino, le dijo uno:
- «Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
- «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo:
- «Sígueme».
Él respondió:
- «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó:
- «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo:
- «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó:
- «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio del 26 de junio de 2016: “La aventura” (Lc 9, 51-62)
El verano es tiempo de aventuras. Aventuras con los amigos: mochila, tienda de campaña, muchas risas, baños de sol, de mar, de vida. Aventura tasada, medida, con billete de ida y vuelta, con tarjeta de crédito, sin separarse de la wifi… No está mal.

Hay otras aventuras más definitorias, que marcan a la persona. Saltos sin red en la realidad de los más pobres. Pocos se atreven. También es un salto con red, billete de ida y vuelta, una casa y una comunidad que te acogen… Pero ir a Tanger, o a Editrea, o a un suburbio de Lima a colaborar con quien allí está entregando su vida por los últimos tiene un componente de desubicación grande. Sabes cómo vas, sabes que vuelves, pero no sabes cómo volverá tu corazón y tu espíritu. No vas buscando meramente novedades; vas buscando algo nuevo, a Alguien que sabes  que siempre sorprende.

Pero la verdadera aventura es la que se vive como punto de no retorno. La verdadera aventura es aquella a la que te invita quien no te permite mirar atrás; no porque te lo prohíba, sino porque ha conquistado tu corazón de tal manera que ni en las peores de las circunstancias quisieras renunciar a su mirada. La verdadera aventura es la del amor. Puede ser cotidiana: la persona con la que compartir toda la vida, formar una familia, una profesión de servicio honrado a tu pueblo… Puede ser distinta. Esta llamada a la aventura puede ser silenciosa y callada, o como una música suave ante la que aguzas el oído para que te envuelva. Pueden llamarte a aventurar cuerpo y alma en un solo golpe; a seguir más de cerca al Maestro… Piensa, piensa: Sólo te arrepentirás de lo que no hiciste realidad.


Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario