martes, 28 de junio de 2016

Evangelio del domingo 3 de julio de 2016 y breve reflexión

Domingo, 3 de julio de 2016: Evangelio según San Lucas 10,1-12.17-20. 
El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. 
Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. 
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. 
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. 
Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'. 

Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. 
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. 

En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'." 
Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: '¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca'.  
Les aseguro que, en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad. Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". 

Él les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. 
No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo". 

Reflexión sobre el Evangelio del 3 de julio de 2016: “Por alegrías” (Lc 20, 1-20)
El evangelio de san Lucas está imbuido de una profunda experiencia de alegría. Los ángeles anuncian con alegría a los pastores el nacimiento de un niño que será la salvación; los pobres de Galilea se alegran visiblemente por los signos de misericordia y compasión de Jesús con los enfermos; el propio Jesús experimenta instantes de profunda alegría. El evangelio de este domingo nos narra uno de esos momentos. Jesús se pone a rezar por alegrías cuando los discípulos comienzan la misión de anunciar un mundo nuevo.
Esta oración por alegrías de Jesús le lleva a invitar a sus discípulos a que se alegren y llenen su corazón de felicidad sensible y risueña, con una alegría que nadie les podrá arrebatar.
Si nuestra alegría depende de que nuestro equipo gane al futbol… Alegrías pasajeras tendremos. Si nuestras alegrías se centran en ser considerados por los otros, en conseguir su aprobación y su aplauso… Barato vendemos nuestro ser más hondo y profundo. Nuestra alegría, dice Jesús en este evangelio, está en que nuestros nombres están escritos en el cielo, en el corazón de Dios. Cuando sabemos y experimentamos sensiblemente la elección de Dios para impulsar su Reino, cuando experimentamos sensiblemente el perdón y la misericordia de Dios en medio de nuestras debilidades, cuando acogemos con fe la presencia de Cristo en los más débiles y en los pobres, acogemos una alegría que nadie podrá arrebatarnos.
Cantar por alegrías no es difícil, recuerda: “Tiriti tran tran tran… Gracias, Señor, porque me amas”.


Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

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