martes, 19 de julio de 2016

Evangelio del domingo 24 de julio de 2016 y breve reflexión

Domingo, 24 de julio de 2016. Evangelio según San Lucas 11,1-13. 
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos". 
Él les dijo entonces: "Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;  danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación". 
Jesús agregó: "Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle', y desde adentro él le responde: 'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos'. 
Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. 
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. 
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente?  ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? 
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!". 

Reflexión sobre el Evangelio del 24 de julio de 2016: “Dejar hacer a Padre” (Lc 11, 1-13).
La oración no es sólo pedir cosas para que se nos concedan; ni repetir fórmulas cargadas de valor tradicional que tranquilizan nuestro ánimo. La oración no puede ser en nuestra vida una costumbre rutinaria sin resonancia en la vida, ni un refugio de nuestras inseguridades e impotencias. Todo esto puede ocurrir, somos personas y sabemos que nuestra debilidad es grande; pero la oración es más.
En el ejemplo que Jesús propone a sus discípulos, se compara la oración con la relación de un hijo con su padre: “¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!”.
La relación cotidiana de dependencia y admiración, de un niño pequeño con su padre, donde se corrige y se anima, donde se enseña y se advierte, donde se enseña lo fundamental de la vida y a mirar con coraje y esperanza el futuro… Esa relación es la que se propone como ejemplo de nuestra oración.
Nuestro Padre nos enseña a vivir con honradez y entereza, a sabernos perdonados y acogidos en nuestra debilidad; a confiar que todo, todo lo que necesitamos él puede solucionarlo; nuestro Padre nos muestra a cada paso su bondad, su hermosura, su grandeza, por eso no podemos sino mirarlo con admiración y dándole las gracias.
¡Ojalá nuestros hijos puedan mirarnos así y así mirar al Padre!


Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

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