miércoles, 13 de julio de 2016

Evangelio del domingo 17 de julio de 2016 y breve reflexión

DOMINGO, 17 DE JULIO DE 2016, LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
-- Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.
Pero el Señor le contestó:
-- Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.

Breve reflexión sobre el Evangelio del 17 de julio de 2016: Hospitalidad (Lc 10, 38-42)
Una de las virtudes más reconocidas de los pueblos antiguos es la hospitalidad. El viajante de aquellos caminos polvorientos se encontraba desprotegido y solo en una tierra extraña; sin tarjeta sanitaria ni de crédito, sin policía ni embajada a la que recurrir en caso de robo o algún tipo de problema. La hospitalidad con el forastero era la salvaguarda de la vida de quien se encontraba fuera de su casa, su posibilidad de volver a su casa si tenía algún percance.
En las tribus trashumantes  la hospitalidad era una fiesta. Primavera tras primavera los amigos se encontraban por los mismos senderos al volver con su ganado. La hospitalidad convertía en risas, conversaciones y cantos la monotonía de las noches cuidando el rebaño. La comida no era lo importante, un borrego asado siempre estaba a la mano del pastor; comerlo con el amigo comentando con él venturas y desventuras, sueños y temores, ideas y creencias escuchadas en lugares lejanos… era la hospitalidad la que lo hacía posible.
La hospitalidad sigue siendo una virtud importante; es una virtud que está en la raíz de nuestra humanidad: hospitalidad con el refugiado, con el inmigrante, con el forastero. La hospitalidad es fuente de humanidad; sobre todo cuando nos sentamos con quien acogemos para escuchar sus experiencias, sus ideas, su vida; entonces nuestra humanidad crece en la suya, y la suya se afianza en la nuestra.
Buen anfitrión, nos ofreces tu presencia, tu sabiduría; el pan que amasaste en tu cruz y el vino que refleja tu mirada.

Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

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