miércoles, 6 de julio de 2016

Evangelio del domingo 10 de julio de 2016 y breve reflexión

Lectura del Santo Evangelio del domingo 10 de julio de 2016: San Lucas 10, 25-37.
En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
-- Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
Él le dijo:
-- ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?
El letrado contestó:
-- Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.
Él le dijo:
-- Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.
Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús:
-- ¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo:
-- Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
Él contestó:
-- El que practicó la misericordia con él.
Díjole Jesús:
-- Anda, haz tú lo mismo.

Reflexión sobre el Evangelio del domingo 10 de julio de 2016: “Simplemente humanos” (Lc 10, 25-37)
La cultura occidental tiene la inmensa suerte de haberse configurado desde las enseñanzas de los viejos profetas de la primera Alianza –Isaías, Jeremías, Amós, Oseas, Daniel…- y las enseñanzas y el testimonio de Jesucristo. El valor de la persona simplemente por ser persona; la llamada a cuidar del más débil, sin ninguna otra consideración; el respeto a todos, sin que sea de los nuestros, etc.; son valores inscritos a fuego de Espíritu en nuestra identidad como pueblos y como personas.
Pero no siempre respondemos a lo que somos, y podemos traicionar nuestra identidad europea, cristiana y creyente. Algo así nos está pasando con los refugiados de las guerras de la Europa oriental y los de Oriente Medio. O con el oro, los diamantes o el coltan de sangre en Centro África. O con los jóvenes sin trabajo y sin horizontes para crear su familia. A nuestros comportamientos les falta sagacidad, prudencia y audacia puesta al servicio de la humanidad.
La caridad, no es sólo una opción; es el camino para poder ser, simplemente, humanos. Esta solidaridad no podemos ni reducirla a la iniciativa individual ante lo urgente, ni enajenar nuestra responsabilidad en lo que hagan nuestros gobiernos. La parábola del buen samaritano nos llama a los cristianos a movilizarnos, junto con toda la sociedad civil, para hacer que nuestro pueblo, nuestro país, nuestra cultura responda a la llamada que nos hace, simplemente, humanos: la llamada del débil, del pobre.
A todos nos llegará un día en la que estemos, heridos y doloridos, al borde del camino.

Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

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