lunes, 8 de agosto de 2016

"Celebrar la fe", de La Puebla del Río a la JMJ de Cracovia 2016

Celebrar la fe”, esto nos decía el Papa Francisco en el acto de acogida el pasado 28 de julio que habíamos ido a hacer hasta Cracovia jóvenes procedentes de todos los rincones del mundo.

Una semana después de haber regresado a casa tras 12 días de peregrinación, aún continúo asimilando y digiriendo todo lo vivido, y reconozco que no he sido capaz contarle a alguien qué es lo que he vivido y sentido en este tiempo, más allá de alguna anécdota puntual.

Esta ha sido la primera JMJ plena que he vivido, y no puedo decir que haya cubierto o superado mis expectativas pues no llevaba ninguna, iba con la disposición de dejarme sorprender por el Señor, y así ha sido.

Desde que llegamos, primero el día 20 a Breslavia para pasar los DED (días en la diócesis) en la Parroquia de San Casimiro y después el 25 a la Parroquia de San Pablo en Bochnia, pudimos comprobar, más que la hospitalidad, la familiaridad con la que acoge el pueblo polaco. Toda una lección de vida dando posada al peregrino, ofreciendo lo poco o mucho que tenían como si fuésemos sus hijos o hermanos (aunque verdaderamente somos hermanos en la fe).

Han sido, con toda seguridad, los días más intensos que he vivido en mis 25 años: oración, intercambiar experiencias con peregrinos del todo el mundo, hacer nuevos amigos y profundizar en la amistad con otros, risas y alguna lágrima, largas caminatas de kilómetros y colas interminables, trenes y autobuses abarrotados, calor y lluvia, y un largo etcétera que provocaba en nosotros cada día más cansancio pero del que conseguíamos sacar nuevas fuerzas.

Sería imposible quedarme con un solo momento, así que voy a nombrar varios: las oraciones y eucaristías compartidas, la mañana de juegos con niños del orfanato y bailando sevillanas con los mayores de una residencia, el encuentro de todos los españoles en Częstochowa para celebrar el día de Santiago, conocer de primera mano el testimonio de cristianos que son perseguidos en su país de origen, ver al Papa por primera vez de cerca, y la noche de la vigilia en el Campus Misericordiae; entre otros momentos.

En definitiva, una experiencia de encuentro con Cristo y de sentirse parte de una Iglesia que es joven y viva (al contrario de como muchas veces nos quieren hacer ver), una inyección de fe y energía para el alma.

Ahora toca llevar todo esto a nuestro día a día, pues como dijo el Papa Francisco en su homilía en la Eucaristía de clausura “la Jornada Mundial de la Juventud comienza hoy y continúa mañana, en casa, porque es allí donde Jesús quiere encontrarnos a partir de ahora”.

Solo me queda dar gracias a Dios por este regalo y a todos los que me han acompañado y, si Él quiere, nos vemos en Panamá 2019.


José Manuel, de La Puebla del Río. 8 de agosto de 2016.

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