jueves, 15 de septiembre de 2016

Lectura del Evangelio y breve reflexión para el domingo 18 de septiembre de 2016, desde San Juan


Evangelio según San Lucas 16,1-13 (domingo, 18 de septiembre de 2016). 
Jesús decía a sus discípulos: 
"Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes. 
Lo llamó y le dijo: '¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto'. 
El administrador pensó entonces: '¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza. 
¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!'. 
Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: '¿Cuánto debes a mi señor?'. 
'Veinte barriles de aceite', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez'. 
Después preguntó a otro: 'Y tú, ¿cuánto debes?'. 'Cuatrocientos quintales de trigo', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo y anota trescientos'. 
Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz." 
Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas. 
El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. 
Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien? 
Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? 
Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero". 

Evangelio del 18 de septiembre de 2016: “Opresores e injustos” (Lc 16, 1-13).
No deja de indignarme el trato injusto que algunas personas tienen con los más débiles. Algunas de las mujeres que vienen a cáritas parroquial están trabajando, dando horas en alguna casa del centro de Sevilla, o del barrio de Nervión o de Los Remedios. Están trabajando y necesitan ayuda económica para poder sobrevivir. Por 4 horas cada día, de lunes a sábado, pueden cobrar 350 euros; y, claro, con ese dinero no pueden mantener a su hijo y las necesidades de la casa. Hasta el bono-bus han de comprárselo ellas mismas.  “Saldré a poco más de 3 euros la hora de trabajo, padre. Cuando le he pedido un poco de más sueldo me advierten que podrían buscarse a otra… Y como tengo mi familia allá no pueden ayudarme”. Las tripas se me revuelven por la insensibilidad y el abuso injusto e inhumano.
Otras veces son creyentes de misa dominical los que, influenciados por tertulias televisivas sensacionalistas, sospechan denigran, desprecian a los inmigrantes que conviven con nosotros. Por el delito de un inmigrante defienden echarlos a todos; por las faltas en la convivencia de un pequeño grupo, los condenan a todos. Qué pronto se nos olvida que también nosotros fuimos inmigrantes en Alemania y en Suiza; qué falta de talento con los jóvenes españoles emigrados hoy en Inglaterra o Chile. En vez de escuchar al Evangelio escuchan al primer perro que ladra o cualquier gato que maúlla  irritando.

El signo más lacerante de descristianización de nuestra sociedad es la falta de solidaridad y compasión con el débil y el que sufre. Creemos en un solo Dios Padre de todos; por eso los cristianos sabemos que en el rostro de cada persona vemos a un hermano.

Reflexión elaborada por el Rvdo, P. D. José Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

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