miércoles, 7 de septiembre de 2016

Lectura y reflexión sobre el Evangelio del domingo 11 de septiembre de 2016


Domingo, 11 de septiembre de 2016: Lectura del Evangelio según San Lucas 15,1-32. 
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. 
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". 
Jesús les dijo entonces esta parábola: 
"Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? 
Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, 
y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido". 
Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse". 
Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? 
Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido". 
Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte". 

Reflexión sobre el Evangelio del 11 de septiembre de 2016: Tiempo de reencontrarnos (Lc 15, 1-10).
Comenzamos un nuevo curso y nos volvemos a encontrar con los compañeros de estudio o de trabajo, con los compañeros de la parroquia; volvemos a la rutina de todos los días, una rutina que muchas veces es una bendición porque nos encamina por la senda del bien que hemos ido eligiendo, pero que otras veces nos cansa y nos agobia.
El evangelio con el que comenzamos el curso es el de la oveja perdida y el de la moneda perdida. Quizás nos inviten a recuperar, en nuestras rutinas de este año, aquello que hemos ido perdiendo u olvidando por la inercia de las prisas que nos paralizan: aquellos ratos de oración que hemos ido perdiendo, aquella ansia de conocer mejor a Jesucristo que poco a poco se ha ido diluyendo; pero sobre todo el afán, tan humano y tan cristiano, por acercarnos con misericordia a los que sufren, a los débiles, a los más pobres. En este comienzo de curso mira cómo introducir en tus rutinas la oración, la formación y el compromiso con los más pobres; si no lo hacemos así corremos el peligro de no dejarle tiempo a lo importante, porque lo urgente –no siempre necesario- lo ocupa todo.
Cuando Dios Padre, en la plenitud de los tiempos, quiso mostrar su misericordia con la humanidad nos envió a su propio Hijo, para que nos encontrara. La misericordia con los más débiles no se vive “a distancia”, sin cercanía, sin conocimiento, sin dejarnos tocar por el que sufre no hay solidaridad verdadera.
Para poder encontrarte y acoger a tu hermano, deja que Dios te encuentre.


Reflexión compartida por el Rvdo. P. D. José Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

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