miércoles, 16 de noviembre de 2016

Lectura y breve reflexión del Evangelio del 20 de noviembre de 2016

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 23, 35-43
En aquel tiempo, el pueblo estaba mirando, pero los magistrados hacían muecas a Jesús, diciendo:
- «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
-«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
Había también por encima de él un letrero:
-«Éste es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:
-«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
- «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo».
Y decía:
-«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
Jesús le dijo:
- «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Reflexión del Evangelio del domingo 20 de noviembre de 2016: “Juez y Reo” (Lucas 23, 35-43)
No es extraño que Hegel, el filósofo alemán, viera en vida de Cristo una confirmación  evidente de su propuesta de la lógica del proceso de la realidad como la unidad de los contrarios en una identidad que se eleva sobre las contradicciones del principio. Jesucristo, siendo reo, acusado y condenado,  torturado y ajusticiado, se convierte en el juez que denuncia la injusticia y la inhumanidad del mundo, el pecado y la cerrazón de todos a la voluntad de Dios.
Pensaban los del Sanedrín y Pilato que juzgaban a Cristo; pensaban que insultaban al crucificado los que lo injuriaban; pensaban sus discípulos que la cruz era su fracaso, el hundimiento de todas sus esperanzas… Y todos se equivocaban. Por condenar a Cristo Pilato y los del Sanedrín sufrieron la condena de la historia; los que insultaban acabaron avergonzados de aquellos insultos; los discípulos comprendiendo que la cruz fue, y es, el sorprendente camino de la esperanza mayor.
El crucificado se convierte en Juez Poderoso; y los crucificados de la hora presente se convertirán un día en nuestros acusadores. Los inmigrantes rechazados y criminalizados nos denunciarán por delito de lesa humanidad; los niños de barrios que sufren el abandono y la marginación nos acusarán de hipócritas y fariseos; los niños down no nacidos, con la complacencia de intelectuales progresistas, testificaran contra ellos por su egoísmo irracional y homicida…
En su cruz, el Juez Reo perdona a todos; esta es la razón más contundente para deshacer la injusticia y colaborar con un mundo más justo, con un pueblo más humano. ¿Cómo seguir siendo como los que paseaban curiosos e indiferentes por el Gólgota?


Reflexión realizada por el Rvdo. P. D. José Joaquín Castellón Martín, párroco de San José Obrero, en San Juan de Aznalfarache.

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